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“El artista, entre más bruto, mejor”, le decían a Jaime Iregui cuando empezó a estudiar arte en la Universidad Nacional de Bogotá en 1973. “No lea tanto que se tira su obra”. Así se educaba a los artistas en Colombia, con la idea de que eran meros creadores pasivos. Pero en el año 2000, la Universidad de los Andes abrió un área en Proyectos –enfocada en curaduría, gestión, investigación– un área pionera en la educación artística del país. Jaime Iregui era el hombre detrás de esa empresa.

A los dieciocho años, defraudado por la educación artística y los cierres constantes en las universidades de Bogotá, Jaime viajó a España con unos escasos ahorros y se matriculó en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios de Barcelona. Haciendo un recorrido por Francia durante las vacaciones de verano, llegó a un lugar, a unos 80 kilómetros al suroeste de París, donde tendría las primeras premoniciones de su vocación. Era la Catedral de Chartres, una monumental estructura gótica del siglo XII que había sido el centro de la mayoría de las actividades cívicas de esa ciudad.

Llegar a los mercados que pululaban alrededor y entrar a sus naves iluminadas por vitrales y dejarse llevar por la música coral habría sido la experiencia más sublime para cualquier mortal del Medioevo. Para Jaime, fue una epifanía: ese lugar había sido una construcción colectiva –no de un solo artista o autor– donde la gente discutía sobre los problemas de interés común; un espacio emblemático de encuentro e intercambio. Entendió que su camino eran los proyectos colaborativos, los espacios públicos y las formas de conversar y debatir sobre el arte.

Iregui pasó a Nueva York, una ciudad siempre a la vanguardia en el arte, donde trabajó en el Consulado de Colombia, lo que le permitió absorber cuanto pudo de la incesante movida artística de la capital del mundo. Al cabo de cuatro años, estaba listo para comenzar un tipo de espacio artístico apenas incipiente en Colombia: el espacio alternativo. Al tiempo que trabajaba en obras abstractas en pintura, instalaciones y fotografía, volvería a su país natal para comenzar a trabajar en unos espacios independientes de discusión y exposición artística como lo fueron Magma (1985-1987), Gaula (1990-1991) y el proyecto Tándem (1993-1997).

Lo primero que la gente sentía al entrar a la muestra “Lejos del equilibrio” organizada por el Proyecto Tándem en la Galería Sextante, una casa en el corazón del barrio Chapinero de Bogotá, era desconcierto. A primera vista, y caminando por las salas, no se veía una sola obra de arte. Paredes blancas, cuartos vacíos. Casa adentro, y al atravesar unas puertas que daban a otra sala mayor, aparecía a espaldas del visitante una concentración de treinta obras de treinta artistas diferentes, todas aglomeradas en una gran pared, de techo a piso. Cada obra en su propio sitio habría sido una muestra convencional, y tal vez una muestra convencional apretada. Pero la conjunción de las obras era una superposición de visiones, de modelos distintos. “Lejos del equilibrio”, se llamaba la exposición. La pregunta implícita era, ¿si son tan distintas, qué es lo que las articula?

En las propuestas del Proyecto Tándem, como también luego en Espacio Vacío (1997-2003), Jaime ponía sillas para que la gente hiciera preguntas o cuestionara a los artistas. Lo importante era el diálogo, la búsqueda de sentido en medio de la disparidad de las opiniones. Y, como en una especie de subversión, lograba que en una galería comercial se hiciera una conferencia sobre políticas públicas, o que en un espacio académico se hiciera un encuentro comunitario, contraponiendo espacios y temas ajenos a su designio.

“Resultó que para el proyecto era bueno porque le abría un respiro y llegaban nuevos públicos. Eso fue llevando a entender las necesidades inherentes al campo artístico, que no consiste sólo en hacer obras. Si la Mona Lisa se hubiera quedado guardada bajo la cama de Leonardo Da Vinci, nadie la hubiera conocido. Lo que hace que sea una obra de arte es que se inserta en un escenario público donde surgen los discursos sobre ella”, aclara Jaime Cerón, artista y coordinador de artes visuales del Ministerio de Cultura.

Estos fueron los antecedentes del énfasis que ahora lidera Jaime Iregui como coordinador del área de Proyectos en la Universidad de los Andes, una opción de profundización que desde 2010 enriquece el título de Maestro en Artes.

En un mercado laboral tan precario y competitivo como el del arte, esa vertiente ha abierto muchos caminos. “Jaime está ayudando a que sea más fácil vivir del arte, porque en este medio se necesita una variedad de agentes. Si sólo hay artistas trabajando, a los artistas les va mal. Entonces los Andes ha venido formando personas que son potencialmente artistas, pero que también puedan ser curadores, gestores, críticos, investigadores, oficios que mueven la base de la actividad artística en Colombia”, señala Cerón.

En los últimos diez años, según el Ministerio de Cultura, Bogotá ha visto 27 nuevos espacios alternativos que no son galerías de arte comerciales, ni museos ni salas institucionales. Y estos lugares representan una posibilidad inmediata para un artista recién egresado de la universidad, o inclusive para que una persona que no tiene formación pueda hacer visible su trabajo al público.

Lo mismo dice el ex vicerrector académico de la universidad, José Rafael Toro: “Los egresados del área de Artes Plásticas están más emproblemados que los que se enfocan en proyectos. Jaime sabe hacer eso bien: no ser tan profesionalista y cuadriculado en los perfiles para que un joven a quien le gusta el arte pero no tiene vocación de artista tenga alternativas y empleo”.

Sin ir muy lejos, el artista y director del Departamento de Arte de la universidad, Lucas Ospina, por ejemplo, es también crítico de arte y escribe en varios medios de comunicación. Y Ospina afirma, entre risas, que es hipócrita el programa que declare, ‘usted va a ser artista’, porque en los clasificados no hay anuncios que digan ‘se busca artista contemporáneo para volverlo famoso. Galería tal’. “Los artistas pueden tener muy buenas intenciones, pero las obras de arte no tienen sentido en sí mismas: lo que les da sentido es el uso. Hay usos políticos, decorativos, de mercadeo, publicitarios, románticos, de catarsis. Y lo que Jaime ha hecho es simplemente crear un énfasis dentro del programa que se dedica a ver esos usos del arte”.

Paradójicamente, Jaime Iregui no es un tipo que se la pase sentando cátedra o arengando. Es reservado, introvertido, solitario, ascético. Asiste poco a eventos sociales y, según sus amigos, aunque posee un humor genial no les suscita en la memoria anécdotas extraordinarias. No se sale de su línea. “Cuando yo lo conocí”, recuerda su esposa, María Elvira Escallón, “yo era muy peleona, una verdadera fiera. Pero descubrí que es inútil tratar de pelear con Jaime. Es que él no se pone bravo. No se engancha en las peleas. Le botas algo y no devuelve el sablazo”.

Uno de sus alumnos reconoce que lo de Jaime es poner a la gente a discutir. Que, si tuviera que dar una clase magistral, se pasearía de un lado al otro del salón como un oso enjaulado. En cambio los debates son su carne y su vino. Tal vez por eso es que ahora, a sus 58 años, pasa la mayor parte de su tiempo –“todo el día, todos los días”, exclama María Elvira– administrando un portal sobre arte en internet. “No es una revista”, aclara Iregui, y advierte que se trata de un espacio de diálogo. Se llama Esfera Pública, y es el principal sitio en Colombia donde los sucesos del arte se transmiten, se discuten y terminan por convertirse en opinión pública.

Aunque se ha reprochado a Esfera Pública como un portal donde se suelen armar peleas, el editor de revistas como Piedepágina y coordinador de proyectos digitales culturales del Banco de la República, Alejandro Martín, señala que Jaime Iregui es el genio detrás de la publicación de arte más importante en Colombia en los últimos diez años. Y agrega: “Yo he tenido que gritar su nombre alguna vez para lograr que él entrara en la discusión”.

En Esfera Pública se han librado debates a raíz de sucesos como el polémico performance de la artista cubana, Tania Brugera, en 2009 en la Universidad Nacional. Ella quería demostrar que el consumo de drogas es una hipocresía que prevalece sobre las infinitas discusiones que siempre han existido sobre el problema del narcotráfico, en boca incluso de los consumidores. Puso a dialogar a un guerrillero, a un paramilitar y a un familiar de un ex secuestrado, al tiempo que circulaban bandejas con cocaína entre el público. En efecto, la discusión terminó callada por el alboroto del público.

Este suceso se debatió entre los usuarios de Esfera Pública, hasta que se volvió una controversia en medios masivos de comunicación que abrió otras discusiones en torno a otros problemas, como la escasez de recursos destinados a la Universidad Nacional.

Desde el año 2000, Esfera Pública ha servido de plataforma también para varios debates sobre el principal proyecto del Gobierno Nacional en artes visuales, el Salón Nacional de Artistas. En 2013, Jaime invitó al Ministerio de Cultura a presentar el proyecto en la Universidad de los Andes en la clase de Diálogos Críticos, donde por medio de una transmisión por streaming, participaron cientos de personas. Había preguntas de los estudiantes y por internet. Al ministerio le sirvió para aclarar cuestionamientos sobre cómo funcionaba el salón, que llevaba más de 12 años de tradición. “Para nosotros fue un canal de revisión y articulación importantísimo”, manifestó Jaime Cerón.

El apartamento de Jaime Iregui y María Elvira Escallón, en lo alto del barrio Rosales de Bogotá, tiene en sus paredes obras de artistas colombianos contemporáneos. En el suelo del comedor hay una escultura de dos tapires en hierro, del artista pop bogotano Nadin Ospina; en la sala una foto del público que llena la sala de la Mona Lisa en el Louvre; y una enorme fotografía de ramas y musgos, obra de la propia María Elvira, también artista. La luz ceniza de Bogotá ilumina docenas de plantas y bonsáis en materas de barro que reposan en la terraza. Y, detrás del emblemático ladrillo rojo de los edificios, se ven los cerros verdes y azules.

Ladra “Brancusi”, el perro salchicha que encontraron una vez extraviado en un camino de la Calera y que llevan a todas las inauguraciones artísticas. Jaime, cruzado de unos brazos fortachones, habla como pensando en voz alta. “Dicen que si en la sociedad no hay conversaciones, hay que simularlas. Porque una sociedad que no conversa, no existe. Y es que conversar es fundamental para que las cosas cambien. Si no se conoce lo que piensa el otro, todo el mundo sigue como en un archipiélago, cada uno regando su plantica para que crezca. Conversar es conectar, y hace que las cosas pasen. Así sea con peleas”.

 

Simón Samper

 * Simón Samper es pianista y estudiante de la maestría en periodismo del CEPER. Esta nota se hizo en el marco de la clase Perfil de la misma maestría.

publicado en CeroSetenta

“Las maravillas de la tecnología de la comunicación en el presente han producido una falsa conciencia con respecto al pasado; incluso la idea de que la comunicación carece de historia, o no tiene nada importante que considerar antes de los días de la televisión e internet”

—Robert Darnton

(citado en “Por qué la revolución no será tuiteada” de Malcolm Gladwell, publicado en Revista El Malpensante, #114)

 

Lucas Ospina: La semana pasada hablé de la crítica y en su sesión Jaime Iregui hizo una presentación de las dinámicas de discusión de esferapública. En esta sesión conjunta nos gustaría hablar de esferapública antes de Internet, es decir, de unos proyectos que hacían lo mismo que pasa ahora en internet, pues el contexto que se plantea en este seminario es el de la crítica y la red.

Recuerdo unos cuadros de Jaime Iregui de finales de los ochenta donde hay formas geométricas y líneas que van uniendo puntos, también recuerdo ese evento que hicieron en Gaula –el espacio de exposiciones que tuvo Jaime con Carlos Salas y Danilo Dueñas a comienzos de la década pasada en el barrio La Macarena de Bogotá- donde invitaron a artistas y a actores del arte a trazar líneas en el piso de ese espacio, y de alguna manera veo que esto se relaciona con su labor actual.

Jaime Iregui: Es cierto, en mi trabajo hay una preocupación por el espacio desde la época en que hacía abstracción geométrica, donde dibujaba líneas que iban generando relaciones y redes. Esto fue a finales de la década de los ochenta y comienzos de los noventa. Con el Proyecto Tándem me interesaba que este trabajo pasara de representar líneas y redes a propiciarlas como espacios de encuentro y discusión.

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Conversaciones Tándem, 1993.

Tándem toma forma inicialmente en un libro que contiene unas 16 serigrafías de mi trabajo, la gente las podía sacar y desplegar sobre una mesa o una pared. Así mismo, venía con una serie de textos que buscaban crear relaciones con otros campos como el pensamiento complejo y la cibernética, donde conté con la colaboración del filósofo Alfonso Flórez y el matemático Isaac Dyner. La idea es que este libro funcionara como un espacio móvil de exposición y discusión. De ahí que se propusieran encuentros con el nombre de Conversaciones Tándem, donde  discutíamos sobre estos temas con artistas, investigadores, estudiantes y personas de otras disciplinas.

Lucas Ospina: Si me propusieran hacer una curaduría de la obra de Jaime Iregui, pondría sus cuadros de las líneas, pondría la publicación de Tándem donde se presentaban los textos de mucha gente, pondría ese trabajo de las líneas en el piso que hicieron con Salas y Dueñas en Gaula y al final pondría lo que hace actualmente.

Me acuerdo de esa exposición que curó María Iovino sobre la obra de Bernardo Salcedo donde trataron de reconstruir varias de sus obras y lo extraño de esta muestra es que teniendo en cuenta que Bernardo Salcedo escribió bastante, al final de la exposición uno se encontraba casi escondido un cerrito empastado de fotocopias con sus textos y quedaba todo este trabajo de escritura como una cosa tangencial, como si su pensamiento escrito no tuviera relación alguna con su obra.

En este mismo contexto, podrían decir que “Jaime Iregui abandonó la obra”, como pasó con muchos de los artistas de su generación que no recibieron el suficiente reconocimiento, pues aquí no hay un sistema fuerte de galerías y mercado. ¿Qué artista vive de vender su obra? Salvo uno o dos artistas, pareciera como si los demás hubiesen terminado haciendo otras cosas y abandonado la obra. Cosa que no veo en el caso de Jaime, lo que veo es que antes había líneas que se unían unas con otras y de pronto esas líneas empezaron a unir personas, como sucedía en esas reuniones a las que invitaba Jaime en ese otro proyecto que se llamaba Espacio Vacío allá en Chapinero. Recuerdo que Jaime me llamaba y me preguntaba: “¿Este sábado tiene tiempo a eso de las dos de la tarde?” y le yo le respondía “sí, tengo tiempo”, entonces él me respondía “va a venir un grupo de personas”. Luego llegaba uno a Espacio Vacío el día señalado y estaban los otros invitados, cuatro o cinco personas, y luego Jaime empezaba preguntando “¿cómo les parece el último Salón nacional?”, cada uno daba una opinión, luego hablábamos como dos horas —las conversaciones no se grababan— y al final cada uno se iba despidiendo, dando por terminado el diálogo sin necesidad de conclusiones, manifiestos o la creación de asociaciones de artistas.

Jaime Iregui: Sí, en ese momento la red funcionaba con invitaciones que se hacían por teléfono y envíos por fax. Pasaba lo mismo con otra iniciativa de Tándem que se llamaba Archivo X, nos reuníamos en talleres de artistas, museos y espacios como el Planetario. El Archivo X era un archivo portátil donde se guardaban propuestas, textos, fotocopias y en algunos casos, convocatorias de los mismos artistas participantes.

Lucas Ospina: También estaba la exposición que se hizo en Sextante que se llamaba “Lejos del Equilibrio”, ¿esa la organizó usted?

Jaime Iregui: La idea de hacer una exposición surgió luego de reunirnos a lo largo de 1993 a conversar en torno a conceptos relacionados con la noción de red, uno de ellos era el deautoorganización, que se refiere a la forma como un sistema genera su propio orden estructural y modos de relacionarse con el medio que lo rodea, también era importante el concepto detransversalidad, entendido como posibilidad de diálogo en torno a un tema desde varias disciplinas o modos de entender la realidad.

La noción de lejos del equilibrio hace referencia a un estado altamente inestable, donde predomina la no linealidad y en el que los sistemas en vez de desaparecer o desintegrarse, se transforman y adaptan a esta nueva situación a través de su interacción con el entorno, lejos de la estabilidad y predictibilidad que proporciona un estado de equilibrio -que en el caso del arte podría ser el del determinismo cultural, la necesidad de categorizar, jerarquizar, institucionalizar.

Lejos del Equilibrio, proyecto Tándem, 1994

Lejos del Equilibrio, proyecto Tándem, 1994

El diseño y montaje de la exposición fue un trabajo colaborativo con Carlos Salas, Fernando Uhía,  Eduardo Pradilla, Danilo Dueñas y Víctor Laignelet. Participaron cerca de 50 artistas y sus obras se dispusieron en una pared al fondo de la galería, las otras salas se dejaron vacías y pintamos cada una de un color distinto.

Organizamos cada semana una sesión de conversaciones con la idea de que algunos de losparticipantes hablaran sobre su obra. Esto con el propósito de que escuchara la voz del artista sin la mediación de la crítica. Igualmente, las obras no contaron con ficha técnica para evitar mediaciones relacionadas con el nombre del artista (autoría) y propiciar una relación más directa con el público, que además se podía sentar en una banca frente a las obras. Había en otra sala un pequeño mapa del montaje con los nombres de los artistas para aquellos interesados en ubicar la obra por su autor.

La idea era reducir en la medida de lo posible la mediación institucional, de la crítica y propiciar espacios donde estas mediaciones surgieran de la misma práctica artística. Críticos como José Hernán Aguilar y Carolina Ponce de León tenían sus columnas en El Tiempo cada quince días. Y estaba muy bien la crítica tuviese ese grado de actividad y visibilidad. Lo que nos importaba no era tanto ir en contra de la crítica y las instituciones, era abrir otros espacios.

Carolina Ponce y José Hernán Aguilar habían estado muy atentos a las propuestas de la llamada “nueva abstracción” y espacios como Gaula. Sin embargo, cuando ya nos dio por trabajar con textos y publicaciones a José Hernán no le gustó mucho el asunto, pues de alguna forma dio a entender que lo que estábamos haciendo era labor de la crítica y no de los artistas.

Por esta época (1994) la periodista Olga Marín nos invitó a participar Martes de las Artes, en un espacio semanal en la sección de cultura de El Espectador. Nuestro espacio se llamaba Conversaciones Tándem, donde a partir del diálogo con artistas se escribía sobre temas de contexto como la relación entre los artistas y las instituciones, proyectos independientes, el estado de la crítica, salones y bienales. La página salía cada dos semanas y se publicó hasta 1996, año en que la familia Cano vendió el periódico.

En ese mismo año, Carlos Jiménez nos propuso realizar una exposición del proyecto Tándem en la biblioteca de la Universidad del Valle sobre arte y el recién llegado Internet, que para la época sólo se podía acceder a través de la Universidad Nacional en Bogotá, la de Cali y en los Andes.

Trabajamos una propuesta que se llamó Red alterna, en la que se montaron dentro de un cubo de paneles las obras de varios artistas y el público no podía entrar a verlas sino a través de la red. En la parte exterior de este cubo se montaron publicaciones del proyecto y las Conversaciones Tándem de El Espectador. Recuerdo que a algunos profesores de la universidad no les gustó para nada eso de que sólo se pudiese acceder la obra a través de una pantalla.

Mauricio Gómez Jaramillo: Hay un ingrediente importante que se daba con Tándem y, específicamente con la exposición de Lejos del Equilibrio y es que el diálogo también se daba en las obras. Había obras de artistas de generaciones mayores como Alvaro Herrán y obras de artistas más jóvenes como Juan Andrés Posada…

Jaime Iregui: tanto con los artistas como en el montaje la idea era evitar ese tipo de jerarquizaciones. Inclusive, se invitaron artistas que para la crítica eran considerados como muy cercanos a lo comercial, otros que no eran tenidos en cuenta en sus textos…

Lucas Ospina: también habían discusiones fuertes en las conversaciones entre los artistas. Recuerdo que cuando habló Danilo Dueñas, entre el público se encontraba Mauricio Cruz y le hizo una serie de preguntas que por lo insistentes llevaron a que Danilo prácticamente terminara la charla, esto era como si lo que pasa hoy en día en esferapública se escenificara, tal vez en esa época a cambio de internet lo que teníamos era teatro. En fin, lo que me interesa señalar con esto es que esferapública fue posibilitada no sólo por la red, sino que antes de eso había una serie de actores que con Internet o sin Internet ya estaban hablando, diciendo cosas en público de forma verbal.

Y como no hay instituciones fuertes en nuestro medio —o las que parecen fuertes, cuando se las conoce por dentro, son lugares llenos de caprichos, intrigas y chambonadas—, y como no hay galerías constantes, como no hay coleccionismo y como para esa época el modelo universitario era más incipiente, los artistas se volvieron instituciones, como diciendo que si no nos encargamos nosotros mismos de hacer las cosas, estas no van a funcionar. Pero también los artistas se convirtieron en una especie de instituciones independientes, de islas, cada uno se volvió una institución. Se armaron unos grupos momentáneos, asociaciones de individuos, pero después uno ve cómo cada uno salió disparado para sitios diferentes. Uno ve, por ejemplo, que el grupo que hizo Gaula, donde estaba Danilo Dueñas, Carlos Salas y Jaime, cada uno siguió haciendo cosas relacionadas con lo que hacía, pero cada uno salió disparado hacia lugares diferentes.

Siempre he visto que si a la gente le gusta hacer cosas relacionadas con arte, en un medio tan incipiente, es porque les gusta. Finalmente me parece un buen filtro. En otros países uno ve que los artistas cuentan con una cantidad de subvenciones, ayudas, becas y después uno ve una cantidad de cosas malísimas y una cantidad de gente que vive de esa burocracia cultural. Mientras que aquí la gente sigue haciendo las cosas y lo sigue haciendo porque le da la gana, no veo otro motivo, porque las cosas no dan ni plata, ni se construye una carrera, al contrario, se destruye la carrera, todo se olvida y lo único que sí se construye y permanece son las enemistades.

Lo digo también porque he ido a otros sitios y los que están atentos a esferapública me dicen que “es extraño que esa gente de esferapública no pare de discutir”, y “hacen textos largos porque sí, y les impresiona como alguien se construyó un seudónimo y lo lucha y lo mantiene por años”.

En una oportunidad hablaba con Miguel López, que tiene el blog de Arte Nuevo, que funciona sobre todo en Perú, y le decía que la gente en su blog sigue haciendo participaciones, sigue pensando qué esto se trata de hacer un comentario, una especie de comentarismo muy deportivo, y Miguel me decía que rara vez le mandan un texto largo o algo muy elaborado. Pienso que esa insistencia, esa terquedad viene del mismo modelo. Desde afuera uno lo ve y dice “que gente tan pelietas”, y sí, los colombianos somos así, pero creo que también se trata de una manera muy propia de demostrar autonomía, precisamente porque aquí no hay esa cooptación benéfica que sí hay en otros lugares, las carreras no funcionan, la fama no paga y el único lugar donde la gente se puede comer el cuento del arte es en las universidades y luego cuando salen, o cuando les cancelan la cátedra, es otra la historia.

Jaime Iregui: Hace como diez años recibí una invitación para participar en un encuentro internacional de espacios independientes. Este evento, en que reunía casi un centenar de propuestas de todo el mundo, estaba financiado por el Ministerio de Cultura de Francia, y la gran discusión de fondo era precisamente la pregunta por la autonomía de estos proyectos  independientes al estar financiados por el Estado.

En nuestro medio uno es independiente por default, es decir, un estudiante que sale de la universidad se encuentra de entrada con un estado de cosas donde el apoyo es muy reducido, y si hace cosas es, como lo dice Lucas, porque le gusta hacerlas y no porque se ganó un apoyo, una beca o algún reconocimiento del Estado.

Obviamente no se trata de no recibir apoyos. El caso es que aparte de las pocas becas que tenemos en nuestro medio, aquí no hay apoyos para que un grupo de artistas gestione un espacio o se promueva una escena que opere de forma independiente a los criterios con que las instituciones del Estado diseñan y formulan sus proyectos.

Está también el tema de las asociaciones de artistas, que son necesarias muchas veces para recibir apoyos del Estado. Por ello en otros países donde hay bastante apoyo, gran parte del gremio del arte está asociado, mientras que aquí eso de la asociación carece de sentido para muchos artistas, por lo cual es común escuchar a las instituciones oficiales señalar que “el campo no está organizado”.

Lucas Ospina: Recuerdo que antes de que apareciera esferapública hubo un intento de asociación promovida por artistas a raíz de una de las típicas polémicas del Salón Nacional de Artistas. Las reuniones eran en el Planetario y me acuerdo que si uno se perdía una reunión, en la siguiente uno encontraba de pronto un tipo que nunca había visto y ya se había convertido en el Secretario de la Asociación. Y si uno preguntaba a algún asistente que quién era el señor, le decían a uno que “es artista y hace una obra malísima”. Así, uno empezaba a entender elmecanismo de las asociaciones. Por eso se entiende que hoy en día, en casos como el de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño –que maneja el dinero de la Secretaría de Cultura- ya se nombró a un representante de los artistas, y el señor que quedo creo que era director de una carrera de artes. Uno dice que muy bueno eso de tener allá a alguien discutiendo, presionando por las platas, viendo que la plata de una de las residencias para artistas no se la parrandee un curador que quiere hacer carrera con ellas, o que una expedición de artistas por el río Magdalena no se convierta en un tour de turismo burocrático, pero también uno dice que lo que uno realmente necesita es que lo apoyen sin necesidad de tanta burocracia. Lo que pasa es que para que ese modelo funcione tiene que haber mucha plata. Y que haya tanta que, mientras que el 80% se use para chanchullos y recreacionismo, y haya grupos de gente tratando de vivir de ese dinero viendo como junta el hambre con las ganas de comer, el 20% restante sí funcione.

Una vez me invitaron a un encuentro en Puerto Rico organizado por María Inés Rodríguez, bastante endogámico, con mucha plata y con un gran auditorio donde tenía que dar una conferencia y en el que había como unas tres personas, eramos más conferencistas que público. Me pagaron US700 y cuando fui al banco había otros conferencistas y pensé que tenía que darles parte de ese dinero, pues se me pasó por la mente que lo que me habían pagado a mi correspondía a los honorarios de varias personas, y no fue así. A cada uno se le había pagado la misma cantidad. Luego vino un catálogo que presentaba el asunto como si hubiese pasado una cantidad de cosas, pero ahí lo que había era una gran cantidad de plata. Había un grupo de artistas mexicanos que hablaban únicamente de la cantidad que el gobierno mexicano le habían dado a cada uno. Damian Ortega, uno de estos mexicanos, tenía como propuesta artística, no gastarse un solo peso de la plata que le habían dado. Era increíble, eso daba a entender que el gobierno mexicano les daba un muy buen apoyo, y daba para que uno de estos artistas se propusiera como obra no gastar el dinero asignado para la ocasión por el Estado. Mientras que uno se las tenía que arreglar para poder pagar lo de la visa y el transporte de la obra. A esto es a lo que me refiero que para que el modelo funcione tiene que haber mucha pero mucha plata para  que los que se la quieran parrandear lo puedan hacer pero para que le llegue a uno cuantos que sí le saquen buen provecho.

Si hay poca plata, lo que se genera son unos grupos pequeños de poder temporal, y eso se ve en casos locales como el de las curadurías regionales, que es el evento donde hay algo más de plata para desarrollar proyectos.  Pero sólo se da para dos proyectos por zona del país a personas que de alguna manera se han ganado un reconocimiento, pues llevan buen tiempo trabajando en esa línea. Para que ese modelo funcione se tendrían que tener apoyos para cincuenta proyectos, y que de ahí, por masa crítica, salieran tres o cuatro bien interesantes. A lo que voy es que toda esta precariedad ha hecho que sean unas individualidades las que terminan hablando. Si relacionamos lo anterior con la forma como se han llevado estos proyectos, vemos cómo se ha cuidado que espacios como Tándem y Espacio Vacío no hayan caído en iniciativas como la de crear asociaciones, lo que les dio mucha autonomía y también la posibilidad de desaparecer cuando les llegó su momento, esto se refleja en esferapública, un espacio donde sus participantes nunca se han reunido, ni se espera que lo hagan, ni se les paga y que a veces da la impresión de que escriben todo eso porque tienen un tiempo y una energía que no han podido invertir en otras cosas de arte precisamente porque esas cosas de arte no han tenido una presencia o desarrollo fuerte que les permita dedicarse a ellas, máximo dictaremos unas clases, haremos algo de diseño gráfico, de vez en cuando se hace una exposición, pero aun así, ante la imposibilidad de dedicarse a hacer solo cosas de arte o a hacer un trabajo intelectual serio, nos queda ese sucedaneo virtual de esferapública, una especie de facebook del arte criollo.

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* Texto hecho a partir de una conversación que tuvo lugar en el marco del seminario Crítica en la red, organizado por el periódico Arteria.