Espacio público y espacio de resistencia

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A través de su producción, Jaime Iregui se ha ocupado de establecer una interrelación entre modelos geométricos y procesos artísticos. En sus comienzos, fusionó una reflexión sobre problemáticas del arte abstracto del siglo XX con la indagación alrededor de la estructura y desplazamiento de los cuerpos celestes, el canon como patrón, y las redes como conjuntos de organizaciones –o sistemas- cuyos elementos conservan una autonomía relativa, a la par que se transforman en la interacción.

Si en un inicio la pintura fue el medio fundamental en el que Iregui materializó su pensamiento artístico, poco tiempo después comenzó a abrir el espectro de su producción hacia prácticas como la fotografía y la gráfica. En la última década, ha explorado otros espacios que contribuyen a vulnerar los límites tradicionales del papel asignado a los artistas, mediante el trabajo en la red, en publicaciones impresas y en proyectos en colaboración con sus colegas, así como con científicos e investigadores, a través de los cuales ha generado espacios de discusión y difusión de la plástica en territorios tangibles y virtuales.

En la muestra Constelaciones, materializa su reflexión en un medio como la fotografía, que le permite rastrear algunas zonas de Bogotá, dedicadas al comercio especializado de objetos y elementos que se clasifican y exhiben en forma serial. El artista afirma que observa las formas de disponer el espacio en cada uno de los lugares que identifica, evidenciando de una manera tácita, códigos de supervivencia y maniobra en zonas tan disímiles como el Barrio Restrepo, el 7 de agosto, la calle 53 y la calle 13, entre otras.

En los proyectos recientes de este autor se advierte un viraje ostensible en la concreción de las obras, dado que ahora trabaja a partir de fotografías digitales cuya circulación se activa a través de la red y de espacios independientes. No obstante, la reflexión que subyace a las nuevas propuestas continúa la investigación sobre la abstracción de modelos de funcionamiento de sistemas. Sólo que en obras como Escenas de Caza o Constelaciones, no acude a la graficación de sus dinámicas sino que las encarna en situaciones específicas en cuanto a tiempo y lugar se refiere. En estos casos, las estructuras subyacen a lo visible, de modo que el observador debe ser quien las infiera con base en la serialidad y agrupación de las diversas imágenes.

De esta manera, su forma de pensamiento abstracto se aplica a realidades concretas del entorno urbano. El nombre mismo del proyecto actual, Constelaciones, establece un vínculo entre su interés inicial por la conformación o movimiento de los cuerpos celestes, y su preocupación de los últimos tiempos por generar una perspectiva que le permita observar relaciones entre diversas maneras de practicar el espacio, en subsistemas metropolitanos dispersos. En esta propuesta, las investigaciones anteriores están presentes de una forma tácita y decantada, y se convierten en el fundamento de una mirada que identifica modos de habitar. La concreción del proyecto en un aquí y ahora, otorga vida a los modelos abstractos y señala cómo las leyes del universo celeste toman forma en la impermanencia y mutabilidad, propias del mundo de los hombres.

Es importante precisar que aunque Iregui se ha preocupado por establecer vínculos entre la plástica y otros modelos de realidad, lo ha hecho con la conciencia de que las artes visuales poseen códigos propios, plenamente vitales, que sin embargo pueden enriquecerse en el contacto con otras formas de conocimiento. Si bien sus acumulaciones se encuentran insertas en una cultura y una sociedad determinadas, el artista no busca examinarlas por medio de métodos científicos, sino que en algunas ocasiones utiliza algunas de sus herramientas como apoyo para la observación y documentación.
Así, aunque Constelaciones se construye con base en recorridos urbanos, los marcos de trabajo de quien diseñó el proyecto acuden sólo en forma tangencial a las formas de investigación de las ciencias sociales. El autor conduce la lectura de los fenómenos de las calles a través de su mirada de artista, que se ha enriquecido, fundamentalmente, por la exploración en torno a una noción tan compleja y poco descriptible como la de espacio. Así, en sus periplos, Iregui observa los códigos de funcionamiento de cada zona a través de los modos sutiles y matizados en que los habitantes se relacionan con el espacio, dejando de lado otro tipo de trabajo de campo que se encamina a la interpretación de las conductas de los habitantes del lugar.

En instalaciones pictóricas que ha llevado a cabo en otras oportunidades, Jaime Iregui ha hecho alusiones a la concepción del espacio celeste por parte de geómetras, astrónomos y filósofos. El trabajo actual toma forma a partir de su experiencia en la ciudad, donde identifica estructuras móviles con un funcionamiento autónomo. Al crear un contexto, el artista señala patrones espaciales que evidencian actitudes vitales. Su mirada desvela el quiebre de un pensamiento modernista que se generó en países hegemónicos y que buscó universalizar sus presupuestos a través de la implantación de un tipo de geometría que el artista denomina oficial. En países como el nuestro, estos esquemas resultaron quebrantados por un pensamiento y unas circunstancias ajenas al racionalismo que obró como sustento las reflexiones europeas y norteamericanas.

Estos amontonamientos de objetos para la venta propician una cultura visual que evidencia formas puntuales de reflexión en cada lugar. Según el autor, “Estos subsistemas están insertos en una economía fuerte; se autorregulan y resisten a la homologación y a la oficialización de los modos de circular y existir”. En sus recorridos urbanos, el investigador crea una correlación entre el espacio público y un espacio de resistencia que, así mismo, se relaciona con su interés –evidenciado en su trabajo en la red-, por la actitud de resistencia del artista contemporáneo frente al deber ser del arte, así como ante las instancias e instituciones de la plástica que, de forma unilateral, se atribuyen el poder de legitimar o descalificar obras y artistas. En Constelaciones el artista escudriña formas de apropiarse del espacio que prescinden del orden institucional urbano y que conforman mundos autónomos en constante transformación. Estas constelaciones desafían la centralidad regulativa y proponen modos de distribución que responden a las necesidades de su contexto, no sólo en los terrenos de la economía, sino de la modulación de un entorno físico que sirve de marco a la vida cotidiana de sus pobladores y transeúntes.

Así, sin interpretaciones racionales, el punto de mira de quien se encuentra detrás de la cámara interactúa con la peculiar codificación de los lugares que transita, y atrapa imágenes de una clara frontalidad, producto de mezclas en donde, además de un presente pleno de energía, están latentes el universo visual precolombino y colonial. Así, se observa como la capacidad de síntesis visual de los indígenas (círculos, volúmenes, colores) contrasta con un disposición abigarrada que podría relacionarse con obras tridimensionales (relieves, tallas, altares) de la Colonia. La frontalidad de buena parte de las imágenes fotográficas posee una estructura reticular –o un orden geométrico- subyacente, en los cuales se insertan toda clase de objetos y formas, a modo de un barroco espontáneo, que surge de la acumulación de mercancías y que evidencia el pulso palpitante de los lugares donde son expuestos.

Carmen María Jaramillo

Agosto de 2003

Constelaciones > http://www.museofueradelugar.org/constelaciones/

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