El espíritu del espacio

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Cuando Espacio Vacío abrió sus puertas al público a comienzos de 1997 no lo hizo con una exposición, sino con un evento que invitaba a la comunidad artística a conocer el espacio tal y como lo anunciaba su nombre: vacío. No había obra expuesta, programación prederminada, manifiestos excluyentes, apologías a estilos o tendencias, ni ideas preconcebidas acerca de lo que “debía” acontecer en el Espacio. Era, sencillamente, un espacio abierto y vacío.

A partir de este primer evento algunos artistas y curadores comenzaron a proponer eventos, exposiciones y proyectos cuya duración, relación con el lugar y procesos de divulgación eran enteramente definidos por cada proponente. De este modo, se fueron perfilando un tipo de propuestas especialmente pensadas para Espacio Vacío.

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En términos operativos, una vez aceptada la propuesta, se definía una fecha y se le entregaban las llaves del espacio al artista, quien se encargaba, con plena autonomía, de realizar todas la labores relacionadas con la producción y presentación de su propuesta.

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Espacio Vacío fue un proyecto realizado por José Hernández y dirigido por Jaime Iregui. La totalidad de actividades que tuvieron lugar en Espacio Vacío eran autogestionadas por el artista con el apoyo logístico del Espacio. Igualmente, se decidió -por primera vez en este tipo de proyectos- vender las bebidas (vino, cerveza) que usualmente se ofrecen gratis en las inauguraciones. La idea, más que gara dinero con esta actividad, era recuperar el costo de las bebidas y los honorarios de la persona que se ofrecerlas al público.

 

Desbordar, subvertir, transgredir. 

Aunque tres años de actividades no es del todo el tiempo suficiente para evaluar si la totalidad de las expectativas iniciales se cumplieron, sí permite reflexionar sobre una serie de propuestas que otorgan desde ya un espíritu al Espacio.

María Fernanda Cardoso, presentó su video de “El Circo de las Pulgas” un domingo. Abrió al público a las 11 de la mañana y cerró a las 5 de la tarde. Tuvo suerte. Hizo un día soleado y fue bien reseñado en los medios. Llegó una gran cantidad de público, compuesto mayoritariamente por familias, curiosos y niños del vecindario. Fueron algunos artistas y estudiantes de arte. También llegaron magos, mimos y un par de puestos de mazorca a la brasa.

Una obra que movilizó el espíritu fue la de Rolf Abderhalden, quien con elementos mínimos logró un video-performance que literalmente capturó la atención sin mayor burocracia conceptual: creó un “corredor” espacio-temporal en el que objetos cotidianos pasaban de una dimensión a otra, de un tiempo a otro, como un movimiento oculto de la mente del que de repente tomáramos conciencia.

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Los límites de recepción de la obra se hicieron tangibles en “Psy Room” de Gianni Motti, cuya apropiación del oficio de psicoanalista -su pacientes fueron artistas, curadores, estudiantes, personas que visitaban el espacio y a quienes atendía durante 45 minutos- hizo que el mismo observador se incorporara a la obra, creando un dispositivo que ironizó sobre las relaciones sujeto-objeto y, por supuesto, sobre las teorías Lacanianas que tanto atrajeron a la crítica en su especulación sobre el objeto artístico.

 

Coleccionar, recolectar, comunicar. 

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Sara Valencia es dueña de la remontadora de calzado “Los Picapiedra” cuya vitrina no exhibe precisamente zapatos, sino la colección de figuras y parafernalia de esta famosa serie de dibujos animados. ¿Que otras colecciones podrían existir en la cuadra del Espacio Vacío?, ¿De qué forma se podría establecer un diálogo entre artistas y vecinos del Espacio? “La Colección de la Cuadra”, convocó once artistas (Franklin Aguirre, Johanna Calle, María Elvira Escallón, Luz Angela Lizarazo, Rafael Ortiz, Eduardo Pradilla, Nadín Ospina, Manuel Romero, Ana María Rueda, Gustavo Zalamea, María Fernanda Zuluaga) a trabajar en torno a esta pregunta. En este enlace podrá encontrar un documento de este proceso.

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De este proceso surgió “Escenas de Caza“, un proyecto dedicado a propiciar, documentar y divulgar las colecciones personales y sus variadas formas de disposición en el espacio. Como su nombre lo indica, se señala tanto el acto de acechar, de ir a la “caza” de objetos para nutrir la colección, como la forma en que dicha colección se dispone en el espacio doméstico por excelencia: la Casa. Para esta ocasión se invitaron artistas, curadores, coleccionistas y periodistas culturales a compartir una fotografía que diera cuenta de su colección y cómo está dispuesta en su casa. Se creo un portal en Internet como archivo del proceso y, posteriormente, el proyecto participó en la Bienal de la Habana, donde se incorporaron nuevas colecciones.

Se trabajó en una serie de proyectos -además de los propuestos por artistas- que harán énfasis en la pedagogía (diseño de exposiciones y publicaciones, talleres de autogestión, manejo de la obra en el espacio), la reflexión crítica (seminario con la participación de artistas, gestores, teóricos y críticos de arte que reflexionan sobre nuestra realidad artística), la interacción con otras disciplinas (procesos en el que artistas establezcan un diálogo con investigadores de otras disciplinas como sucedió con proyectos como “Traducción Simultánea”, “Al Cuadrado. Interacciones entre Guillermo Bermúdez y Carlos Rojas”, los procesos editoriales (publicaciones de artistas y en conjunto con universidades y empresa privada) y la creación de un centro de documentación.

El año de 1999 se cerró con la muestra “Construcciones” de la joven artista Luz Marina Tréllez, en la que plantea una reflexión a través de fotografías -cuidadosamente dispuestas en al nivel del suelo en las cuatro paredes del tercer piso- en las que se señalan diferentes posiciones del cuerpo como “construcciones” culturales.

 

Explorar, experimentar, observar.

En “Ejercicios de Calentamiento” de Rafael Ortiz (propuesta que parecía estar relacionada con otras “puestas en espacio” que el artista realizó en Salones Nacionales recientes), asistimos a una experiencia del cuerpo que partió del oficio de masajista-terapeuta y su encuentro con la mirada del artista.

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“Envíos”, de Juan Fernando Herrán, fue más allá de los preceptos convencionales en cuanto a participación, envío y documentación de una obra se refiere: articuló una obra/documento cargada de sentido poético que ilustraba la posible travesía de una escultura elaborada por él para cruzar el océano Atlántico -gracias al viento y las corrientes marinas- desde Land End en Inglaterra hasta La Habana, a cuya Bienal había sido invitado a participar.

La noción de estabilidad se explora a fondo en “Resurrection Series”, obra de la artista Rosario López quien, en la sala del tercer piso, proyecta un video en una de las paredes en el que se puede apreciar la imagen de un faro que aparece y desaparece del cuadro de proyección, desplazándose de un lado a otro, de arriba a abajo (fue grabado desde un pequeño bote en movimiento), creando una sensación de inestabilidad constante que afecta tanto la consistencia misma del Espacio como la relativa inmovilidad del observador.

Las formas convencionales a la hora de presentar una tesis de artes plásticas, se vieron cuestionadas en “Fotosíntesis”, evento a cargo de los estudiantes de último semestre de la Tadeo, quienes bajo la guía de Carlos Salas tuvieron como tema para su tesis la apropiación del Espacio.

Indecente parcial

El proceso de montaje de una muestra, planteado como un juego de fuerzas en tensión, toma forma en la muestra “Indecente. Reflexiones sobre el lugar de la belleza” (Danilo Dueñas, Jaime Iregui, Carlos Salas), en el que el Espacio jugó el papel de lugar de encuentro de un conjunto de obras que parten de la abstracción y que hoy en día pueden considerarse relacionadas más por sus diferencias que por sus similitudes. Sin embargo, uno de los acuerdos en este juego fue el de proponer la belleza como concepto catalizador para hacer visible un conjunto de paradojas que se presentan actualmente en los procesos de estos tres artistas: “Danilo Dueñas, Jaime Iregui y Carlos Salas reúnen sus trabajos artísticos a través de la noción relativa que tenemos sobre la belleza. No preguntamos sobre el lugar de la belleza desde el arte, sino desde articulaciones conceptuales. No se pervierte el campo de la verdad. Más bien, se interroga esa verdad”.

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El año 2000 se abre con “El Estado de las Cosas” (Carolina Convers, Mariana Dicker, María Elvira Escallón, Alejandro Mancera, Rafael Ortíz, Juan Andrés Posada, Camilo Turbay, Fernando Uhía) exposición que se plantea como una mirada a procesos pictóricos que tienen su origen en territorios diversos (lo conceptual, el diseño, la representación), y en los que se recurre en mayor o menor grado a elementos abstractos (retículas, formas geométricas, aspectos históricos, disposición en el espacio arquitectónico, etc.) como estrategia para construir modelos de realidad que, en el caso de esta muestra, se plantean como preguntas en torno al estado de la abstracción.

Aunque se han recorrido un conjunto de trayectos que han generado sus propios marcos referenciales -tanto por la autonomía con que los artistas han desarrollado sus proyectos, como por las posibilidades que ha despertado un Espacio que se define con cada evento que tiene lugar en él- es claro que quedan aún muchos por construir y recorrer, como lo son el darle al Espacio una carácter investigativo y editorial en el que jueguen un papel no sólo las artes sino otras disciplinas.

Jaime Iregui,

Diciembre de 2000

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